25 abril 2011

Maldita Melancolía::


Cada mañana, al mis ojos entreabrirse, despierto, gracias a un agudo sonido junto a mi oído; A pesar de ello mi sonrisa debe de estar ahí, dibujada. Cada día, ahí está, como si nada. A pesar de los gritos, a pesar de los llantos. Se mantiene firme, siempre estabilizada. Inclusive, aunque no miraran. Pero si quitaran esa máscara, ese papel donde está dibujada, podría quizás verse mi cara, mi alma. Y así, por las mejillas ruedan, espesas, sin esperanzas: Lágrimas que se deslizan lentamente, y caen. Con un sonido casi inaudible, pero hermoso. Y así lo hacen cada noche, sobre mi almohada, el colchón, en las sábanas. Caen en ausencia de compañía. No tienen a nadie que les diga "a mí también"... Y en esa ausencia se encontró una noche, con otra lágrima parecida. Había salido a pasear fuera de su hogar, en busca de una mano amiga. Y así se encontraron una cálida noche de verano, mi sangre y mi llanto, con su bella música se consolaban mutuamente, como besos, como abrazos. Y allí, en ese éxtasis de tristeza, la depresión devoró mi cuarto. A partir de ese día, ya todo estaba muerto. El amor que se tenían, ya no podía ser promulgado. La vida las condena a una muerte con cadenas. La tortura y la desesperación las llevó a la perdición. Ahora están solas nuevamente, aguardando su dulce compañía, que algún día, otra vez, será mía. Culpa de esta maldita melancolía.

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